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12 julio 2009

Cumpleaños feliz...

Me acabo de enterar por el "guguel" que hoy sería el cumpleaños de Pablo Neruda y me he dicho, pues nada, nada, esto se merece un regalo.
Pero no un regalo que yo le haga a Neruda, pobre de mi. Es más bien un regalo que me sigue haciendo él a mi. Hoy en el día de su aniversario, y cualquier otro día en el que me siento a leer alguno de sus poemas.
No he elegido el famoso poema 20, pero no por cansino, sino porque casi todo el mundo ya conoce lo tristes que le pueden salir los versos en noches como ésas.
He elegido éste:



Poema 18

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.



Espero que os haya gustado tanto como me gustó a mi. Hay regalos que no tienen precio.

12 abril 2008

Hoy como entonces.



Corría 1929, o alrededores. Fue en un viaje desintoxicante cuando se escribió esto que a continuación os enseño. Miradlo sin recelo.
¡Quién lo diría!
¡El tiempo, no ha pasado el tiempo!

GRITO HACIA ROMA

(DESDE LA TORRE DEL CRYSLER BUILDING)

Manzanas levemente heridas
por los finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.

Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.


Por cierto, por si no fuera lo suficientemente claro, lo escribió Federico.

01 marzo 2008

Viajando lejos



Hoy, que me encuentro perrunillero, me apetece dejar constancia de algo que, desde que lo leí (después de escuchar cierta maravillosa versión en catalán, bien es cierto) me ha venido persiguiendo y deleitando en cada ocasión.
Una perla. Un tesoro. Una experiencia. Un viaje.

Konstantínos Kaváfis.

ÍTACA.

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones(1) ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Posidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Posidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías:

madreperlas, coral, ébano, y ámbar,

y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

(1) Lestrigones, tribu mitológica de gigantes antropófagos, para todo aquél, que, como yo, no lo supiera, o supiese.

02 diciembre 2007

Después de la lectura.



Detrás de los cristales

rotos.

Detrás del fuego

que destruye.

Detrás de la ceniza

que lo tizna todo

de azul sucio.

¡Tan sucio!

Después del Horror más execrable

inventado por

los hombres…

Tan sólo nos queda…

mirarnos,

a través

de la desnuda inocencia

de los ojos

de los niños.


16 noviembre 2007

Adulterando ninios

POEMA PARA NIÑOS ADÚLTEROS


No creer todo lo que os digan,
el lobo no es tan malo como Caperucita

Gloria Fuertes

Me venía rondando hace algún tiempo, comentar algo sobre esta mujer.

Blanco de chistes, gracietas e ignorancias. Sinónimo de arañas escurridizas y capullas, de risa casi fácil, de cuento infantil y rima en asonante.

Y se olvidan de su faceta para adultos. O a lo mejor no tienen ni idea de que tiene una larga lista de títulos para adultos. De pequeños tesoros. De grandes tesoros. De uno de ellos he extraído ese poema: “Historia de Gloria (amor, humor y desamor)”.

Y se olvidan de que detrás de ese aspecto de abuela, ciertamente hombruna, con su eterno pantalón, su eterna camisa y su eterna corbata, se encontraba una persona con una sensibilidad extrema. Que rezumaba cariño, respeto y amor, incluso con sus desamores. Que desbordaba ingenio, ternura y saber hacer en eso de las letras. Sea lo que sea, eso de las letras.

Fallece, el 27 de noviembre de 1998, en Madrid. Casi diez años hace que me falta.

Que nos falta.

Lloré como un niño cuando pusieron la noticia de su muerte en la tele.

Y se marchó a la Gloria -la que no quema-. Desde entonces está más cerca de su dios y de sus ovnis. Su cielo parece un lugar más agradable.

Aquí en la tierra, está todo un poquito más gris desde entonces.

Rogaría una canción -alegre por favor, ya tuvo y ya tenemos suficientes lágrimas- por su alma, rogaría una sonrisa por su recuerdo. Y un beso, siempre un beso.
¡Queridísima Gloria!

16 octubre 2007

Dulces, dulces limones

Hace algún tiempo, después de ciertos empachos con libracos infumables, acabé por “pelearme” con la literatura. Nada me interesaba y todo lo que caía en mis manos, al poco se caía de mis manos.

Sin embargo, y a pesar de todo, no puedo ya decir lo mismo. Lo cierto es que llevo una racha realmente espléndida.

Un ejemplo de esta racha, es el libro que acabo de terminar hace dos ratos y medio: Entre limones. Escrito por un tal Chris Stewart, primer exbatería de Génesis.

Me lo recomendó encarecidamente un librero, de esos de toda la vida.

¡¡Todavía existen!!

Doy fe de conocer al menos un ejemplar de esta maravillosa especie, y tan en peligro de extinción.

Tan sólo me dijo que era “muy fresco”. En un principio era reticente a dejarme aconsejar, entre otras cosas, porque no me quedaba claro el concepto de frescura que podía tener otro personaje que no sea yo.

Pero tenía razón: fue como abrir una ventana en una habitación viciada. Incluso se fueron todos los iones negativos, esos que favorecen tanto el estrés y los malos rollos.

El caso es que el libro no es para tanto…

No hay muertos violentos, de hecho no hay muertos (al menos, humanos).

No hay brujos, ni magos, ni elfos, ni duendes, ni criaturas mitológicas.

No hay espías, ni gángsteres, ni aparece la mafia (al menos, no la calabresa).

No hay drogas (ilícitas), ni filtros de amor, ni pociones ponzoñosas (al menos, no demasiado).

No hay procelosos mares infestados de tiburones y piratas.

No hay persecuciones ni tiroteos.

Ni siquiera una historia de amor no correspondido o de sexo explícito y gemidos retumbantes en el magín.

Y sin embargo…

Todo el olor a viejo; a podrido; a Códigos, templarios o de inventores renacentistas; a tierras medias; a filosofía barata –o cara-; a existencialismo; a compromiso sesudísimo con la causa más extravagante o simplemente social; todo esto, acompaña a esa corriente de aire fresco y sencillamente, se va. Desaparece como en el anuncio de un ambientador.

Y aparece el puro gusto de leer por leer. Nada te obliga, no tiene trampas para enredar tu interés. No te engaña. No hay subterfugios. Tan sólo la vida que puede aparecer en un libro. Vida, a fin de cuentas.

Es el libro que estaba esperando para reconciliarme del todo con la literatura.

Afortunadamente lo he encontrado. O él me ha encontrado a mí. Aún no lo tengo claro.

Aunque no iba a durar mucho la suerte. Ha aparecido la segunda parte… y ya se sabe. Ya se verá. O no.

Tal vez hable más adelante de los otros librillos que también han tenido ese efecto reconciliador.